Semana del domingo 19 de mayo de 2024
Estimados y estimadas:
Existe una bella definición de la Astrología que la retrata como “un medio para describir la naturaleza individual de los momentos del tiempo”. ¡Y qué enorme misterio es el tiempo! Ciertamente, hemos creado instrumentos con los que podemos medirlo; somos capaces de cuantificar con exactitud su paso. Sin embargo, ¿nos es posible decir con certeza lo que él es, cuál es su esencia? No conozco yo definición alguna del tiempo que logre expresar su verdadero ser. Pero sí estoy convencido de lo siguiente: medir el paso del tiempo es tocar su aspecto exterior, su cuerpo físico; en cambio, escuchar su flujo, contemplar su movimiento, es rozar su vida interior, su alma. ¿Y cómo podremos, entonces, adentrarnos en el alma del tiempo? Elevando nuestra mirada hacia aquel ámbito que, a través de su incesante movimiento, es el origen de los ciclos celestes y de los ritmos naturales, y en definitiva, del tiempo mismo: el mundo de los astros.
Hoy domingo 19 de mayo, cincuenta días después del Domingo de Resurrección, celebramos la festividad cristiana de Pentecostés: el bautismo con fuego de los apóstoles, la venida del Espíritu Santo sobre ellos. A propósito del vínculo entre ambas celebraciones, Rudolf Steiner afirmó que “si la fiesta de Pascua es la fiesta de la resurrección en la Naturaleza, la fiesta de Pentecostés es el símbolo de la toma de conciencia del Espíritu humano, la fiesta de los que conocen y comprenden y –totalmente compenetrados por ello– van en busca de la libertad”.

«Pentecostés», de Ladislav Záborský – pintor eslovaco (1921 – 2016)
Desde hace varios años he venido recorriendo un camino tanto en la Astrología como en la Antroposofía; y este camino me condujo, en el último tiempo, hasta la Astrosofía: la ampliación del antiguo conocimiento astrológico hacia una moderna “sabiduría estelar”, desarrollada por Willi Sucher. De esta manera, tras una larga maduración de mis experiencias, e imbuido del ánimo de esta festividad, he decidido comenzar a compartir mis reflexiones de manera más frecuente, principalmente a través de esta publicación periódica que he llamado “El Alma del Tiempo”.
Me he tomado la libertad de añadir a esta lista de correos a todas las personas con las que, en uno u otro momento, hemos estado en contacto a través de mi trabajo, bajo el supuesto de que estas reflexiones podrían ser de su interés. Para quienes no sea ése el caso, les pido sinceras disculpas, y les ruego que cancelen la suscripción a esta publicación. Para quienes estén interesados, les propongo contemplar los movimientos planetarios de esta semana a la luz de la Astrología y de la Antroposofía.
¡Manifiéstate, Ser del Sol!
Mañana lunes 20 de mayo, el Sol ingresará en el signo tropical de Géminis, los Gemelos; esta entrada marca el inicio del último tercio del otoño en el hemisferio sur, y de la primavera en el hemisferio norte.
«Géminis», de Johfra Bosschart – pintor holandés (1919 – 1998)
El verso que corresponde a la presencia del Sol en Géminis es «¡Manifiéstate, Ser del Sol!» ¿Cómo podríamos comprender esto? Astrológicamente, Géminis es un signo de aire, y por lo tanto, está relacionado con la comunicación y el lenguaje: nuestras palabras viajan a través del aire. Además, Géminis es la morada diurna de Mercurio-Hermes, el heraldo de los dioses, y protector de los mensajeros y los diplomáticos, así como de todos los versados en el arte del discurso y la elocuencia. ¿Y no es el hablar, acaso, uno de los gestos arquetípicos de la manifestación del propio ser? En el evangelio de San Juan, leemos que Dios ha creado todas las cosas (o, para decirlo de otro modo: ha manifestado el mundo) mediante el Logos, su Hijo unigénito, que estaba en el principio junto al Padre. Y el Logos no es sino el Verbo, la Palabra divina.
Por otro lado, Willi Sucher se refirió a la importancia de la imagen zodiacal de Géminis con respecto a la fiesta de Pentecostés. Dos semanas antes de esta festividad, y unos días antes de la Ascensión, Mercurio dejó la región zodiacal de Tauro para ingresar en la constelación de los Gemelos. Y más tarde, pasados 50 días luego de la Resurrección del Cristo, Mercurio y Júpiter se unieron en la imagen zodiacal de Géminis. Géminis, como símbolo de la dualidad, es también la representación de la individualidad humana, en el sentido de que la experiencia del otro, de la polaridad yo-tú, es lo que nos permite alcanzar la vivencia de ser uno mismo, distinto a los demás: de esta manera, Cristo nos entrega el ser individual, y comienza, por ende, la separación. Así pues, podemos reconocer las fuerzas de Géminis expresándose en los eventos de Pentecostés como la multitud de lenguas de fuego que se asentaron sobre los apóstoles, y en la capacidad de hablar en diversas lenguas, lo que les permitió comunicar un mismo significado a diferentes pueblos de la humanidad.
Un Sol heroico
Tras su ingreso en el signo tropical de Géminis, el Sol se encontrará con la estrella más brillante de la constelación de Perseo, Mirfak (2º 25’ Géminis). Esta unión es importante, pues tendrá lugar entre el trígono del Sol con Plutón (que se halla en 2º Acuario) y la Luna Llena de Sagitario (que ocurrirá en 2º Sagitario).

Constelación de Perseo, según Johannes Hevelius – astrónomo polaco (1611 – 1687)
Bernadette Brady señala que Mirfak representa la energía joven y masculina, vinculándola con las cualidades del héroe Perseo, quien decapitó a la Gorgona Medusa. Según Steiner, Perseo representa el impulso primordial hacia el surgimiento de nuestra actual cultura intelectual, en tanto que Medusa simboliza los restos de la antigua clarividencia espontánea que poseíamos los seres humanos, la que hubo de ser destruida pues “pesaba como viejas ideas fantásticas, como una pesadilla”.
Podemos reconocer en el Sol al núcleo de la individualidad humana, y en su trígono con Plutón, una oportunidad para iluminar, con nuestro pensamiento despierto, todo aquello que habita en la oscuridad de nuestra conciencia dormida –y en primer lugar, todo aquello que, como reflejo de nuestros propios deseos, se nos aparece como repulsivo y aterrador. En este desafío, el Sol es investido de coraje y fortaleza a través de su encuentro con la estrella Mirfak.
¿Te gustaría leer más?
Continuaré mis reflexiones sobre los movimientos planetarios de esta semana, y sobre lo que los seres que están tras ellos parecen querer decirnos mediante esos gestos, a través de mis redes sociales:
¡Feliz Domingo de Pentecostés!
Un abrazo,
Gustavo

